González Salinas: Andrew Paxman (coord.), Los gobernadores. Caciques del pasado y del presente, México, Grijalbo, 2018.
Vol. 60, Num. 2, Año. 2020


Hace algunos meses, mientras buscaba fuentes sobre la educación socialista de los años treinta, en el Archivo General de la Nación localicé una queja en la que personal de Misiones Culturales denunciaba que autoridades locales de Guanajuato les impidieron seguir adelante con su labor educativa debido a órdenes expresas del gobierno del estado. Según el documento, con un derroche de groserías e intimidando con armas, les advirtieron que los profesores podían contar el apoyo del gobierno federal, pero que allí, en el estado, las únicas órdenes válidas eran las que, dicho con un eufemismo, salían de las gónadas del gobernador.

Menciono este caso porque me parece representativo de cómo, en la historia de la República mexicana, los gobiernos estatales han tenido tanta fuerza y control sobre sus territorios, que incluso han llegado a contradecir al gobierno federal. No obstante, si mi percepción no es equivocada, entre el público no académico, así como entre buena parte del que sí lo es, aún goza de cierta aceptación la visión presidencialista que reduce la historia política mexicana del siglo XX a un recuento de sexenios en los que la “presidencia imperial” -tomando la afamada frase de Enrique Krauze- ejercía un poder desbordado que imponía la voluntad del gobierno federal, y la del presidente en particular, sobre todo el país.

Por fortuna, dicha visión presidencialista -y simplista- lleva algunos años siendo desterrada por una historiografía que es más precisa en el análisis de los periodos de auge, declive y debilidades del gobierno federal y que, además, se ha ocupado de los grupos de poder que negociaban con él, lo confrontaban o incluso lo frenaban.1 Asimismo, existen estudios teóricos que sustentan una reinterpretación no presidencialista de la política mexicana. Destaca la propuesta de Philip Abrams, quien sostiene que dar crédito a la existencia del “Estado” refuerza un tipo de “máscara” que encubre una vida política caracterizada por intentos de dominación ilegítima encabezados por individuos e instituciones que, más que tener unidad, actúan en completa heterogeneidad y desarticulación, de forma confusa, volátil y hasta con intereses contrapuestos.2 Posturas como la de Abrams bien puede ayudar a cuestionar y desmontar la idea de que la vida política de México en el siglo XX, pese a haber estado regida por un mismo partido -el Revolucionario Institucional, PRI-, era homogénea, coherente y subordinada al poder ejecutivo.

Es en estas coordenadas historiográficas que se ubica el libro Los gobernadores. Caciques del pasado y del presente, que recoge distintos estudios de caso sobre gobiernos estatales y que ahonda en una variedad de formas de hacer política a nivel regional y en relación con el gobierno federal, pues en no pocas ocasiones estas administraciones actuaron con particularidades que llegaron a desentonar con los mandatos venidos desde el centro.

Los gobiernos estatales estudiados son los de Isidro Fabela y Alfredo del Mazo Vélez (Estado de México, PRM/PRI, 1942-1951); Eruviel Ávila (Estado de México. PRI, 2011-2017); Maximino Ávila Camacho (Puebla. PR/PRM, 1937-1941); Rafael Moreno Valle Rosas (Puebla. PAN, 2011-2017); Javier Rojo Gómez (Hidalgo. PNR/PRM, 1937-1940); Miguel Ángel Osorio Chong (Hidalgo, PRI, 2005-2011); Miguel Alemán Valdés (Veracruz, PNR/PRM, 1936-1939); Javier Duarte (Veracruz, PRI, 2010-2016); Felipe Carrillo Puerto (Yucatán, PSS, 1922-1924); Víctor Cervera Pacheco e Ivonne Ortega Pacheco (Yucatán, PRI, 1984-1988, 1995-2001, 2007-2017); Ernesto P. Uruchurtu (Distrito Federal, 1952-1966); Andrés Manuel López Obrador (Distrito Federal, PRD, 2000-2005).

Antes de entrar en materia sobre el libro, vale la pena advertir que no está dirigido a un público especializado y que no todos los que colaboran en él son académicos, aunque es de reconocer que todos citan obras de referencia y fuentes que sustentan lo escrito. Esta naturaleza de la obra ofrece una lectura ágil y abierta a cualquier persona interesada en la historia política del país. También explica la ausencia de precisiones teórico-metodológicas, aunque debo decir que algo que no se justifica es el hecho de no mencionar una clara definición del concepto de “cacique” y el por qué los autores coincidieron en que todos los casos estudiados fueron de gobiernos caciquiles, pues aunque se estudian casos de caciques conocidos, como Maximino Ávila Camacho, hay otros, como el de Andrés Manuel López Obrador, cuyo gobierno en el Distrito Federal parece no encajar en esta categoría.

Ahora bien, la obra empieza con una introducción a cargo de su coordinador, Andrew Paxman , quien busca explicar las causas estructurales y de cultura política que estaban detrás de la actuación de los gobiernos estatales estudiados. Sobre las primeras, Paxman menciona cómo el control que el gobierno federal llegó a tener sobre los gobiernos estatales disminuyó a medida que avanzaba la liberalización política de México y las regiones ganaban autonomía financiera. En cuanto a la segunda explicación, me parece que es la más débil, pues argumenta la existencia de una histórica cultura política de gobierno caciquil, lo cual resulta poco convincente por su carácter generalizador. Considero que más que hablar sobre una cultura política caciquil, estudios como éstos deben ahondar en las fallas y oportunidades del sistema político, así como los contextos específicos -locales y nacionales- cuyo aprovechamiento permitía engendrar gobiernos con alcances desmedidos. Tal como lo mencioné líneas arriba, el libro abarca el estudio de gobiernos que se desarrollaron en periodos y con características tan dispares, como la progresista y socialista administración de Felipe Carrillo Puerto en Veracruz, hasta los gobiernos sin ideología, como el de Javier Duarte -también en Veracruz-, que dejó sobre su estado una pesada herencia de violencia y desfalcos. Pese a estas disparidades, he optado por mencionar cuatro líneas temáticas generales que a mí parecer vale la pena rescatar de la obra. Esto en buena medida también, porque no es de mi interés ofrecerle al lector un resumen de cada capítulo, sino interesarlo en acercarse al libro tanto para aprender de él, como para discutirlo.

Estas cuatro temáticas son:

a) Una variedad de formas de incursionar y avanzar en la vida política del país. A lo largo del libro queda claro que el ingreso a la política mexicana se ha conseguido desde puestos bajos y prácticamente “invisibles”, pero que gracias a las propuestas, la astucia o a la lealtad y las redes de amiguismo y nepotismo de cada personaje, lograron conseguir altos puestos. El cobijo y recomendación de políticos ya consolidados también suele aparecer como un factor decisivo a la hora de la escalada política.

b) Distintas maneras de ejercer una gubernatura estatal. Sobresalen prácticas como el sometimiento o la negociación con poderes locales, el culto a la personalidad, la cooptación y corporativismo, el control de la prensa y la represión a grupos disidentes. Parecería también que una de las prácticas más comunes es el inicio de obras públicas faraónicas que en no pocas ocasiones carecen tanto de una óptima planeación, como de una satisfactoria conclusión pero que, a pesar de ello, suelen promocionarse como grandes logros de la administración en turno. Destaca el caso particular de la jefatura de gobierno del Distrito Federal, a cargo de Andrés Manuel López Obrador, pues presentó un estilo peculiar en el que la movilización social en las calles y las encuestas ciudadanas sirvieron tanto para mostrar el respaldo social del gobernante cuando se confrontó con otros grupos de poder, como para legitimar las propuestas de gobierno que mayor controversia causaban.

c) Estrategias de negociación de los gobernadores con otros grupos de poder, tales como empresarios u organizaciones de trabajadores. Al respecto, destacan los casos en los que el gobierno coopta o reprime, pero también otros en los que se ve obligado a negociar y ceder.

d) Relación entre los gobiernos estatales y el gobierno federal. Sobre ello, es importante destacar que el libro no presenta a gobernadores sometidos a los mandatos presidenciales pues, aunque en tiempos de la hegemonía priista la lealtad al centro era fundamental para permanecer en el cargo de gobernador, hubo gobernadores que negociaron con el ejecutivo federal, obligándolo a ceder. Es el caso de la gubernatura de Miguel Alemán Valdés, quien se adhirió a las políticas cardenistas, aunque para ello Cárdenas tuvo que tolerar el sello personal de Alemán, que consistía en prácticas de corrupción y nepotismo.

El libro cierra con un epílogo en el que Jorge Javier Romero habla de algunas de las características que distinguieron la política mexicana en los siglos XIX y el XX, destacando que las prácticas de reciprocidad caciquil y las redes clientelares presentes entre caciques y militares todavía son detectables en algunos gobernadores civiles. Asimismo, señala las particularidades de gobiernos estatales durante la “época dorada” del priismo, así como los cambios sufridos durante la transición a una mayor democracia. Javier Romero enfatiza que ni la mayor autonomía que han ganado los gobiernos estatales, ni la transición a una pluralidad política, han significado una baja en las prácticas de corrupción entre gobernadores.

En síntesis, el conjunto de estudios cuenta con el acierto de no partir de un enfoque individualista con tintes de “psicohistoria” en el que la personalidad de cada gobernador explique su administración. Tampoco los presenta como simples piezas de ajedrez, cuyos movimientos en el tablero político obedecen a una “jugada maestra” orquestada por un poder mayor, sea un partido o el jefe del ejecutivo federal. Son distintos intereses y circunstancias los que explican cada administración de gobierno. Los gobernadores. Caciques del pasado y del presente reúne una importante compilación de características de la historia política de nuestro país en el último siglo, por tanto, su lectura bien puede ser de interés tanto para el público académico, como para la ciudadanía en general.

Notas

1 Para una muestra de esta historiografía contraria al presidencialismo, véase Jeffrey W. Rubin, “Descentralizando el régimen: cultura y política regional en México”, Relaciones, vol XXIV, 96 (2003), pp. 126-180; Juan Espíndola Mata, El hombre que lo podía todo, todo, todo. Ensayo sobre el mito presidencial en México, México, El Colegio de México, 2004; Rogelio Hernández Rodríguez, El centro dividido. La nueva autonomía de los gobernadores, México, El Colegio de México, 2008.

2 Philip Abrams, “Notas sobre la dificultad de estudiar el Estado”, en Philip Abrams, Akhil Gupta y Timothy Mitchell, Antropología del estado, México, Fondo de Cultura Económica, 2015, pp. 17-70.



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Foro Internacional (1960-), vol. LX, 1 (239), enero - marzo 2020, es una publicación trimestral editada por El Colegio de México, Carretera Picacho Ajusco 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México, Tel. (55) 5449-3000, http://forointernacional.colmex.mx/index.php/fi, revfi@colmex.mx. Director: Juan Cruz Olmeda. Editora: Diana Goldberg. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2016-031810410500-203, ISSN (impreso): 0185-013X, ISSN (electrónico): 2448-6523, otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Composición tipográfica: El Atril Tipográfico, S.A. de C.V. Responsable de la última actualización de este número: Virginia López Cisneros; fecha de última modificación: 01 de abril del 2020.

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